Compradores dijeron no tener miedo a que los dueños originales de las piezas subastadas quieran recuperarlas, aunque es un tema que les genera duda.

Al gobierno federal no sólo le interesa subastar todo lo decomisado al crimen organizado y utilizar lo recaudado para reparar caminos rurales, sino que el proceso sea público, para que todos puedan verlo. Te recomendamos: ¡Vendido! SAE recauda más de 10 mdp en subasta de joyas Qué mejor lugar para que todos lo vean, por lo que representa, que Los Pinos, convertido desde diciembre pasado en centro cultural, luego de haber sido por 84 años la residencia oficial del poder en México.

A los compradores, en cambio, no les interesa si las joyas tienen un mal karma, no les importa si antes pertenecieron a sicarios o narcotraficantes, a políticos corruptos o a criminales de cuello blanco. Tampoco les da miedo que en un futuro, estos busquen recuperar sus joyas. “Realmente no, porque ni siquiera es para tenerla yo, es para venderla. Y pues, creo que no necesariamente todo es del narco, como le llaman joyería del narco”, dice Jorge Camacho, uno de los compradores de la subasta. Te recomendamos: Nadie compra reloj de casi 3 mdp en la subasta del SAE Cuando se le pregunta si tiene miedo de usar joyas, a las que sus dueños originales hipotéticamente pretendan recuperar a toda costa, más adelante, cuando las carpetas de investigación que se las decomisaron sean cerradas, duda su respuesta al inicio. Entre muecas se acomoda la gorra y al final, contesta convencido. “Ahora que lo menciona, como que sí está de pensar, qué tal que agarre la pulsera que le gustaba mucho a tal narcotraficante y ahí anda queriendo recuperarla. Pero el SAE tiene mucha discreción en esa cuestión”, sostiene mientras a sus espaldas trabajadores comienzan a desmontar la carpa donde se llevó a cabo la reunión de postores. Tres hombres que vinieron a la subasta desde Culiacán, Sinaloa, pero que prefieren conservar en el anonimato su identidad, por “ser muy penosos”, tampoco sienten temor de comprar joyas que antes pertenecieron al narco.

Para comprar las cerca de dos mil piezas, entre relojes, anillos, esclavas, mancuernillas, plumas, hebillas, collares y otros accesorios, se dieron cita 70 compradores, conocidos como postores en el argot de las subastas, más otros cinco adicionales que pujaron vía telefónica. Un reloj marca Piaget, con un precio de salida de 2 millones 953 mil 700 pesos, la pieza más cara de todo el catálogo se quedó sin comprador, igual que todas las “piezas fuertes”, es decir, las más caras que se ofertaron solamente a compradores de paletas amarillas. Los de paletas verdes y rojas solo podían hacer ofertas por lotes de menor cantidad.

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